
En ese momento, un lobo hambriento y feroz, testigo del cruel suceso, se arrojó sobre el inhumano muchacho, creyendo que el perro se alegraría de verse libre de un dueño tan ingrato y malo. Mas, el fiel animalito, volvió a la orilla, y arremetió contra el lobo y después de enconada lucha, logró ahuyentarlo. Él buen perro corrió hacia su amo rebosante de alegría. Pero el muchacho perverso y colérico, empezó a darle de palazos con un tronco al pobre animalito.
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